{"id":130,"date":"2024-06-11T22:20:24","date_gmt":"2024-06-11T22:20:24","guid":{"rendered":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/?page_id=130"},"modified":"2024-09-18T03:32:21","modified_gmt":"2024-09-18T03:32:21","slug":"testimonios-y-descomposiciones-de-jeanne-saade-palombo","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/textos\/testimonios-y-descomposiciones-de-jeanne-saade-palombo\/","title":{"rendered":"Testimonios y (des)composiciones de Jeanne Saade Palombo"},"content":{"rendered":"<style>.kb-row-layout-id130_f5aae8-93 > .kt-row-column-wrap{align-content:center;}:where(.kb-row-layout-id130_f5aae8-93 > .kt-row-column-wrap) > .wp-block-kadence-column{justify-content:center;}.kb-row-layout-id130_f5aae8-93 > .kt-row-column-wrap{column-gap:var(--global-kb-gap-md, 2rem);row-gap:var(--global-kb-gap-md, 2rem);max-width:80%;margin-left:auto;margin-right:auto;padding-top:10%;padding-bottom:5%;min-height:100vh;grid-template-columns:minmax(0, calc(60% - ((var(--global-kb-gap-md, 2rem) * 1 )\/2)))minmax(0, calc(40% - ((var(--global-kb-gap-md, 2rem) * 1 )\/2)));}.kb-row-layout-id130_f5aae8-93 > .kt-row-layout-overlay{opacity:0.30;}@media all and (max-width: 1024px){.kb-row-layout-id130_f5aae8-93 > .kt-row-column-wrap{grid-template-columns:repeat(2, minmax(0, 1fr));}}@media all and (max-width: 767px){.kb-row-layout-id130_f5aae8-93 > .kt-row-column-wrap{padding-top:10%;padding-bottom:10%;grid-template-columns:minmax(0, 1fr);}}<\/style><div class=\"kb-row-layout-wrap kb-row-layout-id130_f5aae8-93 alignnone wp-block-kadence-rowlayout\"><div class=\"kt-row-column-wrap kt-has-2-columns kt-row-layout-equal kt-tab-layout-inherit kt-mobile-layout-row kt-row-valign-middle kt-inner-column-height-full\">\n<style>.kadence-column130_1ccefd-8a > .kt-inside-inner-col{padding-top:0px;}.kadence-column130_1ccefd-8a > .kt-inside-inner-col,.kadence-column130_1ccefd-8a > .kt-inside-inner-col:before{border-top-left-radius:0px;border-top-right-radius:0px;border-bottom-right-radius:0px;border-bottom-left-radius:0px;}.kadence-column130_1ccefd-8a > .kt-inside-inner-col{column-gap:var(--global-kb-gap-sm, 1rem);}.kadence-column130_1ccefd-8a > .kt-inside-inner-col{flex-direction:column;}.kadence-column130_1ccefd-8a > .kt-inside-inner-col > .aligncenter{width:100%;}.kadence-column130_1ccefd-8a > .kt-inside-inner-col:before{opacity:0.3;}.kadence-column130_1ccefd-8a{position:relative;}@media all and (max-width: 1024px){.kadence-column130_1ccefd-8a > .kt-inside-inner-col{flex-direction:column;justify-content:center;}}@media all and (max-width: 767px){.kadence-column130_1ccefd-8a > .kt-inside-inner-col{flex-direction:column;justify-content:center;}}<\/style>\n<div class=\"wp-block-kadence-column kadence-column130_1ccefd-8a\"><div class=\"kt-inside-inner-col\">\n<p><em>Testimonios y (des)composiciones de Jeanne Saade Palombo<br><\/em><strong><span class=\"uppercase\">por Luis Ignacio S\u00e1inz<\/span>, 2009<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Es como si los artistas hubiesen asumido que el arte del retrato, el espejo del alma<\/em><br><em>y la vida, ha dejado de tener sentido. La imagen, que en la antig\u00fcedad tuvo como fin rescatar<\/em><br><em>el alma de la muerte y del olvido, devolvi\u00e9ndole un cuerpo imperecedero, ha acabado por ser<\/em><br><em>la exposici\u00f3n de la condici\u00f3n fugaz y terminal del hombre contempor\u00e1neo.<\/em><br>Pedro Azara: <em>El ojo y la sombra. Una mirada al retrato en Occidente<\/em>, 2002.<\/p>\n\n\n\n<p>El retrato es una impronta, una huella del ser, tiempo materializado, un instante pl\u00e1stico que rinde cuentas de un sujeto; quiz\u00e1 por ello tiene algo de perverso. Un halo fantasmal recorre su geograf\u00eda, pues all\u00ed mora \u201calgo\u201d de quien ha sido aprehendido en la representaci\u00f3n. Cuando acierta en capturar los rasgos y gestos caracter\u00edsticos del modelo, eso que se ha denominado expresi\u00f3n, evoca con sorpresa \u2014y en una suerte de contradicci\u00f3n\u2014 procesos espec\u00edficos de intervenci\u00f3n del cuerpo: la taxidermia y el embalsamamiento. Su peculiaridad radica en que la autenticidad de esa existencia devenida objeto trasciende la capa que envuelve y atesora la anatom\u00eda y la funcionalidad de los sistemas que la animan. As\u00ed, el prop\u00f3sito de semejante g\u00e9nero, en la territorialidad de la pintura, se afana m\u00e1s bien en registrar y capturar el movimiento que comunica el \u201cdisectado\u201d haci\u00e9ndolo \u00fanico e irrepetible.<\/p>\n\n\n\n<p>En la historia del arte, al menos en lo que a Occidente se refiere, muchos y muy variados han sido los modos de su ejercicio: algunos dirigidos a inspirar piedad o empat\u00eda (<em>El buf\u00f3n don Juan de Calabazas <\/em>o<em> Calabacillas<\/em>, c. 1636-1638, de Diego Rodr\u00edguez de Silva y Vel\u00e1zquez, Madrid, Museo del Prado), otros enfocados a detonar azoro o repulsi\u00f3n (<em>El enano Morgante<\/em>, de frente y de espaldas, 1552, de Agnolo Bronzino, Florencia, Galer\u00eda Palatina del Palacio Pitti), pero tambi\u00e9n los hay que pretenden describir de manera estricta aquello que es observado (<em>Cabeza de ni\u00f1a desnuda<\/em>, 1999-2000, de Lucian Freud, Londres, Colecci\u00f3n de UBS Paine Webber). Unos m\u00e1s buscar\u00edan asir el movimiento (<em>Tres estudios para un autorretrato<\/em>, 1979, de Francis Bacon, Nueva York, Museo Metropolitano de Arte) u homologar los campos de visi\u00f3n (<em>Busto de mujer con sombrero-Dora Maar<\/em>, 1939, de Pablo Picasso, Basilea, Fundaci\u00f3n Beyeler). Por si fuera poco, otros son afirmaciones de temperamento de tinte ret\u00f3rico (<em>Retrato de Pablo Picasso en el siglo XXI<\/em>, 1947, de Salvador Dal\u00ed, Castillo de P\u00fabol, Catalu\u00f1a, Fundaci\u00f3n Gala-Salvador Dal\u00ed) o s\u00edntesis de se\u00f1as de identidad (<em>Cabeza de J.Y.M<\/em>., 1978, de Frank Auerbach, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza).<\/p>\n\n\n\n<p>El linaje de los fabricados por Jeanne Saade Palombo corresponde al tipo protocient\u00edfico, derivados de una mirada compulsiva que, curiosa e inquisitiva, s\u00f3lo pretende \u201cver\u201d sin adjetivos. Sus resultados son feroces, ya que metaf\u00f3ricamente desollan las capas m\u00e1s superficiales de materia hasta advertir los espasmos de la personalidad y el temperamento. Percepci\u00f3n e interpretaci\u00f3n se diluyen en la oferta de una imagen que duda entre el ojo y el espejo. Justo en ese l\u00edmite fragil\u00edsimo se ubica el quehacer art\u00edstico de quien, para empezar con consistencia y negando el m\u00e1s m\u00ednimo toque de autocomplacencia, se somete al mismo tratamiento que le dispensa al pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>La suma de retratos evidencia tales virtudes b\u00e1sicas: una auscultaci\u00f3n cl\u00ednica de los componentes de la persona contemplada, donde un desplazamiento corporal o un gui\u00f1o facial se imponen al conjunto de elementos que da cuenta del sujeto fundando una aut\u00e9ntica sin\u00e9cdoque; y una aproximaci\u00f3n despiadada hacia el motivo ic\u00f3nico mediante la conversi\u00f3n de dichas secuencias, los cambios f\u00edsicos, en sellos del car\u00e1cter de quien habita la superficie del dibujo o la pintura, pues estil\u00edsticamente a ratos resulta imposible su plena identificaci\u00f3n t\u00e9cnica.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, este tratamiento que pudiera ser calificado de brutal carece, en el fondo, de violencia. El empe\u00f1o estriba en situar \u00f3pticamente los vol\u00famenes y las calidades, prestando acuciosa atenci\u00f3n a los detalles, sin sucumbir a las tentaciones del serm\u00f3n o la grandilocuencia narrativa. Son estampas de momentos veros\u00edmiles, en los que los \u201creflejados\u201d se predican a s\u00ed mismos en las m\u00e1s nimias de sus particularidades conductuales: las \u201cmuletillas\u201d del rostro, las extremidades o la posici\u00f3n corporal. La artista comparece a la caza de esas reiteraciones, dado que en su acusada presencia y repetici\u00f3n, se tornan arquet\u00edpicas. En el inventario de estos signos o avisos que emite el retratado reposa lo natural del trabajo art\u00edstico, lo eficaz de su revelaci\u00f3n; y, claro est\u00e1, lo captado no representa la continuidad del individuo visto, sino el instante de su ruptura, esa fracci\u00f3n de tiempo que transformar\u00e1 al dejo en significativo del ser pillado por sorpresa, y esto resulta una paradoja considerando que el producto pict\u00f3rico que se nos convida burla solemnidad inerte de la factura acad\u00e9mica.<\/p>\n\n\n\n<p>A la manera de un p\u00e9ndulo, el g\u00e9nero del retrato ha oscilado entre la mimesis, lo exterior, y la penetraci\u00f3n psicol\u00f3gica, lo interior; evidenciando en la modernidad una tendencia hacia la caricatura, la simplificaci\u00f3n y el absurdo. Por ello suscita inter\u00e9s y apremio un tono compositivo como el de Jeanne Saade Palombo que impone la confluencia de ambas modalidades de captura del sujeto. Su especificidad ser\u00eda la del gozne que se afana en vertebrar, en un solo plano, la reproducci\u00f3n y la ex\u00e9gesis. As\u00ed, encontramos habilidades del taller, la disciplina del dibujo y la fatiga del boceto, eso que conocemos como oficio, proceso de ense\u00f1anza-aprendizaje que se remonta a 1563 cuando Giorgio Vasari fundara la primera academia en Florencia, pero tambi\u00e9n descubrimos un lenguaje propio, esa reserva de s\u00edmbolos, caligraf\u00edas, gestualidades y recursos visuales que urden y formulan lo que se suele nombrar como estilo. Su voz pict\u00f3rica posee un registro propio, identificable por su rigor formal, su desenvoltura en la composici\u00f3n y, casi siempre, su desparpajo al acometer las intervenciones. De cualquier modo, la creadora no elige el toque que terminar\u00e1 por definir al conjunto pl\u00e1stico; se somete al dato que le brinda la interface fotogr\u00e1fica. Eso s\u00ed, lo explota a raudales.<\/p>\n\n\n\n<p>Los retratados son reconocibles m\u00e1s all\u00e1 de que su captura sea id\u00f3nea y se corresponda con las se\u00f1as de identidad que los originan. Se dejan pillar, adem\u00e1s, por su condici\u00f3n p\u00fablica, pues se trata de creadores, cr\u00edticos o funcionarios culturales, registrados en actitudes que les son caracter\u00edsticas. Si bien su factura evidencia lo logrado de la soluci\u00f3n pl\u00e1stica, quiz\u00e1 no sean del agrado de quienes los protagonizan, dado que suele ocurrir que la disposici\u00f3n corporal o el ritmo gestual no forzosamente coinciden con la concepci\u00f3n que ellos guarden de s\u00ed mismos. Entonces, incierta ser\u00e1 la fortuna para ellos, desmentidos de la belleza propios de un gabinete de curiosidades; porque la nuestra, en calidad de espectadores, est\u00e1 garantizada por la exactitud de la imitaci\u00f3n de lo real, que en su perfecci\u00f3n suplanta al objeto representado, si por el t\u00e9rmino se entiende imagen cargada de sentido propio.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien retrata asume el linaje de cronista visual, haciendo de los trazos y los signos, los pliegues y las estr\u00edas, las l\u00edneas y los rasgos, un instrumental comprometido con dotar de existencia figurada a la f\u00e1bula que manifiesta su verosimilitud. Por ello nos hallamos en los terrenos cenagosos de una representaci\u00f3n peculiar: la que renuncia a independizarse del objeto, ratificando por el contrario su calidad de registro, bit\u00e1cora, facs\u00edmil o, de modo literal, transcripci\u00f3n ic\u00f3nica. Con los cl\u00e1sicos griegos, <em>m\u00edmesis<\/em> en vez de <em>di\u00e9gesis<\/em>: la subjetivaci\u00f3n de la aprehensi\u00f3n de la realidad, la densidad del mundo que deviene gram\u00e1tica s\u00f3lo reconocible para el autor. Nuestra artista no lo discute, se ci\u00f1e a la percepci\u00f3n directa de los sujetos, a trav\u00e9s de sus censos fotogr\u00e1ficos; pues debe tenerse en mente que los retratos derivan de un instante capturado, son modos de estar o formas de desplazamiento de los personajes congelados en los soportes de papel, gracias a la mediaci\u00f3n \u00f3ptica, el despliegue digital, de la c\u00e1mara de Zoni Maya.<\/p>\n\n\n\n<p>Las im\u00e1genes significan genuinos ejercicios de abstinencia; transitan sin reposo entre la atenci\u00f3n y la adulaci\u00f3n. Dejan de ser el territorio de emisi\u00f3n de un acertijo o de postulaci\u00f3n de un juicio. Se limitan a transmitir la actuaci\u00f3n de un sujeto particular: pill\u00e1ndolo en reposo o en movimiento; hablando, observando o escuchando; pasivo\/sereno o din\u00e1mico\/agitado; incluso, vivo o muerto, ev\u00f3quese el tratamiento espectacular que le confiere al fallecido Fernando Garc\u00eda Ponce. Alteridades en el espejo, diversidades en la retina, descomposiciones en la lente. En todo caso se reh\u00fasan a practicar examen de conciencia alguno, son aquello que ofrecen: estricta visibilidad sensorial volcada en retazos denotativos y\/o caracter\u00edsticos de los implicados, a despecho del imaginario simb\u00f3lico que construyan para s\u00ed mismos, en clave de autoprotecci\u00f3n y gozo narcisista.<\/p>\n\n\n\n<p>Hacia un rumbo semejante apuntaba la \u201cNueva objetividad\u201d (<em>Neue Sachlichkeit<\/em>) del expresionismo alem\u00e1n, cuando en la voz de Otto Dix (<em>Retrato del pintor Franz Radziwill<\/em>, 1928; <em>Autorretrato fumando<\/em>, 1914; Kunstmuseum Stuttgart) manifestaba: &#8220;Cuando retratas a alguien es preciso no conocerlo en la medida de lo posible. \u00a1Ante todo no conocerlo! Quiero ver solamente lo que est\u00e1 ah\u00ed, lo externo. Lo interno se patentiza espont\u00e1neamente. Se refleja en lo visible.&#8221; A un mismo tiempo, el dibujo en l\u00ednea contiene y filtra la interioridad de quienes se precipitaron en sus propias im\u00e1genes; funciona adem\u00e1s, como dique frente a las pretensiones del psicologismo puro y el impresionismo conductual. C\u00e1scara que envuelve al sujeto, el retrato no aspira a nada m\u00e1s, pero tampoco a nada menos.<\/p>\n\n\n\n<p>Primac\u00eda de la memoria que se vivifica en su impronta material: la forma y los contornos del \u201caprehendido\u201d como retrato, la imagen en tanto reh\u00e9n de un continente observable m\u00e1s all\u00e1 de sus contenidos concretos. Rostro, busto, cuerpo, transformado en dispensario, como Epicteto quer\u00eda fuese la escuela de filosof\u00eda, un <em>iatreion<\/em>: lugar del sufrimiento, nunca del placer o en su caso, la autocomplacencia. El reflejo como dura lecci\u00f3n del espejo, en esa menudencia de tiempo en que hemos sido atrapados. Se impone entonces, la insignificancia sobre el car\u00e1cter, vence el santiam\u00e9n expresivo al estilo, dome\u00f1a el soplo gestual al comportamiento arrogado como etiqueta de distinci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, los convidados a tal fest\u00edn visual, de entrada, se sorprenden, algunos se reconocen, otros m\u00e1s resisten y se defienden, pues les parece que \u201cel le\u00f3n no es como lo pintan\u201d; los menos, con humor, se descubren en la geograf\u00eda descriptiva que convida el dibujo, en su doble condici\u00f3n de cirug\u00eda y taxidermia. Y sin embargo, las instant\u00e1neas ruedan, no hay manera de detenerlas. Las efigies est\u00e1n all\u00ed, asomando los cuernos de su naturaleza parad\u00f3jica, incontenibles en su brutalidad y eficacia, en su ecuanimidad y firmeza, en su estallido y contenci\u00f3n. A la letra, \u201cfiguras tomadas del natural\u201d, en la f\u00f3rmula del Abad Filippo Baldinucci (<em>Notizie dei professori del disegno da Cimabue in qua; <\/em>Florencia; 3 vol\u00famenes en 1681 y otros tres en 1728), el heredero del quehacer de Giorgio Vasari, quien fuera comisionado por la reina Catalina de Suecia para escribir la biograf\u00eda de Gian Lorenzo Bernini (1682), am\u00e9n de integrar el primer diccionario sobre t\u00e9rminos art\u00edsticos (1686) y su inaugural historia sobre el grabado y la estampa (1686).<\/p>\n\n\n\n<p>Insisto, la tradici\u00f3n multisecular del retrato en tanto resonancia del objeto aprehendido nos inflige una elecci\u00f3n: <em>m\u00edmesis<\/em> o <em>di\u00e9gesis<\/em>, suplantaci\u00f3n de la realidad o interpretaci\u00f3n del mundo. De un lado, imagen que se apodera de la naturaleza \u00edntima de la figura representada, a grado tal que la desplaza usurpando su lugar: iconodulia, veneraci\u00f3n de lo sagrado en su estampa o ilustraci\u00f3n, el ser trascendente literalmente vive y mora en la extensi\u00f3n de su dibujo. De otro, imagen parcial que significa la totalidad de lo representado: iconoclasia, alusi\u00f3n y operaci\u00f3n metaf\u00f3rica donde un gesto o rasgo se apodera del conjunto, el atributo reconocido o atribuido al objeto substituye a la suma de sus caracter\u00edsticas y elementos constitutivos. Tr\u00e1tese de la imitaci\u00f3n o de la representaci\u00f3n, el hecho incontrovertible reposa en que la virtud no se aprende por la mirada, demanda la participaci\u00f3n de otros sentidos, en especial el o\u00eddo vinculado a la reflexi\u00f3n, el <em>logos<\/em>, que por su origen es metapl\u00e1stico, es decir que opera desde fuera del espacio acotado de la imagen, a trav\u00e9s de procesos de dotaci\u00f3n de sentido que son funcionalmente ex\u00e9gesis, an\u00e1lisis, interpretaciones, maniobras hermen\u00e9uticas.<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquiera de las modalidades elegidas o adoptadas, Jeanne Saade Palombo sabe a ciencia cierta que ronda los l\u00edmites del misterio: ese que define al sujeto, el ser y su esencia, primero en una aproximaci\u00f3n visual y despu\u00e9s a partir de una inevitable \u201clectura\u201d de dicha materialidad. Extirpar al individuo de su entorno para duplicarlo, simplificando sus se\u00f1as de identidad, limit\u00e1ndose a lo fundamental, entendido ello como lo significativamente necesario e indispensable. Operaci\u00f3n de suma complejidad que nos recuerda las divagaciones de \u201cvisibilidad del conocimiento\u201d desde Le\u00f3n Bloy (<em>Le mendiant ingrat<\/em>, 1894; donde aborda este t\u00f3pico por primera ocasi\u00f3n y que lo perturbar\u00eda a lo largo de su obra) y su influencia en Jorge Luis Borges (<em>El espejo de los enigmas<\/em> en <em>Otras inquisiciones<\/em>, 1952), destinadas a desentra\u00f1ar el prop\u00f3sito de la sentencia de San Pablo en la I Carta a los Corintios (Cap\u00edtulo 13, Vers\u00edculo 12): \u201c<em>Videmus nunc per speculum in aenigmate: tunc autem facie ad faciem. Nunc cognosco exparte: tunc autem cognoscam sicut et cognitus sum<\/em>\u201d<em>.<\/em> Frase que ha generado, en la espiral de sus traducciones, un sinf\u00edn de pol\u00e9micas, por lo cual atiendo la versi\u00f3n cl\u00e1sica del reformista fugitivo Cipriano de Valera: \u201cAhora vemos por espejo, en oscuridad; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; mas entonces conocer\u00e9 como soy conocido\u201d (versi\u00f3n revisada de 1602 conocida como <em>Biblia del C\u00e1ntaro<\/em> a la traducci\u00f3n original de Casiodoro de Reina de 1569 identificada como <em>Biblia del Oso<\/em>, llamadas as\u00ed por los motivos de sus portadas).<\/p>\n\n\n\n<p>El tema y la referencia no resultan banales, pues lo que en verdad se discute es la capacidad misma del sujeto representado para autorreconocerse en su fragilidad, en su ostentaci\u00f3n. Quiz\u00e1 por ello la artista haga gala de su inteligencia al situar el proceso compositivo en un entorno dial\u00f3gico, ya que entrevista a cada una de sus v\u00edctimas pict\u00f3ricas poniendo especial \u00e9nfasis en la relaci\u00f3n que guardan ellas mismas con dos experiencias determinadas: su relaci\u00f3n con el cuerpo, su convivencia con el espejo. Las respuestas han quedado grabadas, editadas, en un soporte digital; situaci\u00f3n que facilita el reconocimiento del espectador de cada retratado y la veracidad de sus enunciados. Tan sofisticada metodolog\u00eda de incursi\u00f3n en la vastedad abisal de los otros consiente formular una especie de morfolog\u00eda rudimentaria, identificando a los personajes por su aspecto y el temperamento que traslucen desde su corporeidad: unos, p\u00fablicos y expansivos; otros, privados y reservados.<\/p>\n\n\n\n<p>De confiar en Arqu\u00edloco, poeta y mercenario originario de la isla de Paros (siglo VII a. C.), los primeros corresponden a la clase de los zorros, mientras que los segundos guardan afinidad con el temple de los erizos. La conjetura del griego reza as\u00ed: \u201cEl zorro sabe muchas cosas y el erizo una sola gran cosa\u201d. El intervalo queda cifrado en quienes le apuestan a lo universal y aquellos otros que se solazan en los particulares. Esta clasificaci\u00f3n alcanz\u00f3 fama contempor\u00e1nea cuando Isaiah Berl\u00edn (<em>The Hedgehog and the Fox: An Essay on Tolstoy\u2019s View of History<\/em>; 1953) recurre a este apotegma para calificar a escritores y pensadores en una u otra especie; as\u00ed las cosas, para \u00e9l, son erizos Dostoievsky y Proust, en tanto Shakespeare es un zorro, y Tolstoy, un zorro que quiere ser erizo. Saque cada quien sus conclusiones. Tomar conciencia desde la inquietud de s\u00ed y el examen de la naturaleza indeterminada del yo.<\/p>\n\n\n\n<p>En una v\u00eda secularizada es lo que nos admiten los retratos, el itinerario de quienes mutaron su ser en efigies y al mismo tiempo enfrentan la oportunidad de saberse en sus l\u00edmites y posibilidades. Operaci\u00f3n que desborda la superficie dibujada para filtrarse en los dominios de la palabra, gracias a la soluci\u00f3n del cuestionario que la artista aplicase, frente a c\u00e1maras, a los representados. Procedimiento psicol\u00f3gico y de socializaci\u00f3n primaria que trae a colaci\u00f3n la definici\u00f3n estricta del t\u00e9rmino-pr\u00e1ctica \u201cconfesi\u00f3n\u201d ofrendado por Michel Foucault: \u201cLa confesi\u00f3n es un acto verbal mediante el cual el sujeto, en una afirmaci\u00f3n sobre lo que \u00e9l es, se liga a esta verdad, se coloca en una relaci\u00f3n de dependencia con respecto a otro y modifica al mismo tiempo la relaci\u00f3n que tiene consigo mismo\u201d (<em>Mal faire, dire vrai. Fonctions de l\u2019aveu<\/em>; curso in\u00e9dito, Lovaina, 1981).<\/p>\n\n\n\n<p>Visualidad ampliada y precisada por la voz del emisor, convertido en imagen y testigo de s\u00ed mismo, en prueba de su imitaci\u00f3n-representaci\u00f3n. Frente a este desarrollo puntual, riguros\u00edsimo y por ello imposible de denostar o desacreditar, Jeanne Saade Palombo se luce en su categor\u00eda de <em>tlacuilo<\/em>, aqu\u00e9l que escribe pintando. El nexo que finca con sus elegidos para ser atendidos simb\u00f3licamente en el caballete, reducidos o potenciados a la casta de dibujos, en mucho suena al lamento que Medea le declara a Jas\u00f3n, de acuerdo con Publio Ovidio Nas\u00f3n (<em>Heroidas<\/em>, XII, vv.183-190):<\/p>\n\n\n\n<p>Y si acaso las preces tocan tus f\u00e9rreas entra\u00f1as,<br>oye ahora palabras menores que mis \u00e1nimos.<br>Soy tan suplicante a ti como t\u00fa a m\u00ed seguido lo fuiste,<br>y yo no me demoro en postrarme ante tus pies.<br>Si para ti soy vil, contempla a nuestros hijos comunes:<br>contra mis partos, fiera madrastra va a ensa\u00f1arse.<br>Y son muy semejantes a ti y por su imagen conmu\u00e9vome<br>y, cuanta vez los veo, emp\u00e1panse mis lumbres.<\/p>\n\n\n\n<p>Los personajes son objeto de homenaje radical por el solo hecho de su elecci\u00f3n; surge desde all\u00ed una devoci\u00f3n amorosa de la pintora, manifestada en su dedicaci\u00f3n y fuerza. Al retratarlos los adopta en sus luces y sus sombras; renuncia al juicio, se atiene a mostrarlos.<\/p>\n\n\n\n<p><br><\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n<style>.kadence-column130_2dd9d6-0e > .kt-inside-inner-col{padding-right:15%;padding-left:20%;}.kadence-column130_2dd9d6-0e > .kt-inside-inner-col,.kadence-column130_2dd9d6-0e > .kt-inside-inner-col:before{border-top-left-radius:0px;border-top-right-radius:0px;border-bottom-right-radius:0px;border-bottom-left-radius:0px;}.kadence-column130_2dd9d6-0e > .kt-inside-inner-col{column-gap:var(--global-kb-gap-sm, 1rem);}.kadence-column130_2dd9d6-0e > .kt-inside-inner-col{flex-direction:column;}.kadence-column130_2dd9d6-0e > .kt-inside-inner-col > .aligncenter{width:100%;}.kadence-column130_2dd9d6-0e > .kt-inside-inner-col:before{opacity:0.3;}.kadence-column130_2dd9d6-0e{position:relative;}@media all and (max-width: 1024px){.kadence-column130_2dd9d6-0e > .kt-inside-inner-col{flex-direction:column;justify-content:center;}}@media all and (max-width: 767px){.kadence-column130_2dd9d6-0e > .kt-inside-inner-col{flex-direction:column;justify-content:center;}}<\/style>\n<div class=\"wp-block-kadence-column kadence-column130_2dd9d6-0e\"><div class=\"kt-inside-inner-col\"><\/div><\/div>\n\n<\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Testimonios y (des)composiciones de Jeanne Saade Palombopor Luis Ignacio S\u00e1inz, 2009 Es como si los artistas hubiesen asumido que el arte del retrato, el espejo del almay la vida, ha dejado de tener sentido. La imagen, que en la antig\u00fcedad tuvo como fin rescatarel alma de la muerte y del olvido, devolvi\u00e9ndole un cuerpo imperecedero, <a href=\"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/textos\/testimonios-y-descomposiciones-de-jeanne-saade-palombo\/\" class=\"more-link\">&#8230;<span class=\"screen-reader-text\">  Testimonios y (des)composiciones de Jeanne Saade Palombo<\/span><\/a><\/p>","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":26,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"_editorskit_title_hidden":false,"_editorskit_reading_time":0,"_editorskit_is_block_options_detached":false,"_editorskit_block_options_position":"{}","footnotes":""},"class_list":["post-130","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/130","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=130"}],"version-history":[{"count":15,"href":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/130\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":969,"href":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/130\/revisions\/969"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/26"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/jeannesaadepalombo.com.mx\/eng\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=130"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}